Cuando
los habitantes de la Comunidad Hermes pudieron salir de su encierro,
el dinosaurio todavía estaba allí…
Pero este no era un
dinosaurio normal y corriente, no se había extinguido como los demás y todavía
campaba a sus anchas por la ciudad. No se acercaba al Bioparc porque no le
gustaba estar con otros animales, sino que prefería rodearse de seres humanos,
especialmente los de mayor experiencia.
Se trataba de un
dinosaurio muy peligroso, porque podía hacer enfermar a aquellos con quienes convivía
y, en algunos casos, su presencia era letal. Por eso seguía infundiendo miedo y
pavor a cuantos se lo cruzaban.
Pero, sobre todo, lo
más terrorífico de este dinosaurio es que era invisible, podía estar en
cualquier lugar, cada cosa que tocaras o rozaras podía acercarte a él.
Invisible y letal.
Sin embargo, poco a
poco estaba perdiendo fuerza y la gente se iba haciendo más resistente a su
presencia, iba generando defensas cada vez más potentes contra él, que pronto dejaría
de causar su efecto.
La gente lo iría
olvidando y quedaría en el recuerdo como otros de su especie. Ese dinosaurio
invisible es un virus de cuyo nombre no quiero acordarme.
Marta Pilar Montañez Mesas (05-04-2020)
(Microrrelato presentado a concurso
y publicado en la Revista Hermes, nº 3, 08-04-2020)*
*Periódico independiente de la Comunidad Colaborativa Hermes, Valencia
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