martes, 7 de abril de 2020

Creatividad en tiempos de confinamiento

A menudo nos quejamos de que no tenemos tiempo, esa realidad abstracta que condiciona nuestra existencia como seres mortales, ese tesoro anhelado por la humanidad, la inmortalidad o la eternidad, que vienen a ser lo mismo, como sueño humano: bien del cuerpo a través la eterna juventud o bien del alma a través de la fama, el recuerdo o la memoria de quienes nos aman.
En estos días de confinamiento disponemos de mucho tiempo y es cuando afloran preocupaciones y reflexiones que el ajetreo del día a día deja aparcadas en un segundo (o en un tercer) plano. Suelen ser laberintos que el pensamiento no quiere recorrer por si acaso no encuentra la salida.
Sin embargo, también nuestra mente goza del tiempo para explorar otros caminos más productivos gracias a herramientas intangibles como la creatividad o el ingenio.
En estos días en que recibimos tantísimos mensajes lúdicos, los populares memes, algunos de humor negro y otros de ironía más sutil e inteligente, se comprueba que, si algo caracteriza al ser humano, es el dominio del lenguaje, y no solo del verbal, también el musical (esos conciertos de balcón que escuchamos estos días) o el artístico o plástico (en los miles de arcoiris que inundan las fachadas), para expresar lo que siente, transmitirlo y compartirlo con sus contemporáneos y, en ocasiones, con los que le sucedan.
Así ocurre con las letras. Algunas de las grandes obras de la literatura se han escrito o se han ideado cuando sus autores o autoras estaban privados de libertad: encerrados se gestaron narraciones como El Quijote de Cervantes o alguna composición de W. Shakespeare; textos teatrales, como la Historia de una escalera de A. Buero Vallejo y muchos de los poemas de Miguel Hernández, con el que, justamente, coincidió en Madrid, ambos encarcelados. 
No digo que sea bueno estar confinado, ni mucho menos, pero sí que favorece la creatividad porque la ausencia de otras obligaciones u horarios fijos nos obliga a centrarnos en ciertas actividades, aferrarnos a construir algo material o inmaterial con ese caudal del pensamiento que nos inunda, para no volvernos locos con la incertidumbre o el miedo.
El tiempo es enemigo en la espera, y también cuando estamos felices porque el tiempo pasa volando, siempre es el dardo de nuestras quejas, “no tengo tiempo", y ahora que tenemos tiempo: ¿qué estamos haciendo realmente? ¿En qué lo estamos invirtiendo? Hasta el lenguaje da la razón a la idea de que el tiempo hay que aprovecharlo, pues cuando pasan las horas y no hacemos nada productivo, decimos que estamos ‘pasando el tiempo’, sin más o “perdiendo el tiempo” o, peor aún, "matando el tiempo".
Que este tiempo, relativo, subjetivo, que se nos hace eterno, sirva para algo más que para ver la vida pasar; sirva para construir, para crear; sea provechoso, incluso útil, y, si hace falta, cambiemos el refranero para que el tiempo ni se pase, ni se pierda, ni se mate, sino que estas expresiones se conviertan en ‘vivir el tiempo’, hacerlo vivo y productivo.
Marta Pilar Montañez (28-3-20)
In Memoriam, víctimas del Covid-19 o Coronavirus.


 (Publicada originalmente en la revista Hermes, nº 2, 30-3-2020)*
*Periódico independiente de la Comunidad Colaborativa Hermes, Valencia.

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