Muchas veces a lo largo
de mi vida profesional me he encontrado con alumnos que me han entregado un
examen en blanco. Imagino que la mayoría de docentes también han recibido hojas
sin contestar o preguntas vacías en más de una ocasión. Existen muchos motivos
por los cuales se presenta sin responder una prueba o examen, pero, grosso modo, se podrían establecer tres tipos de situaciones en las que se
entrega sin contestar.
En primer lugar, es
evidente que una de las razones para no contestar un examen es no saber las
respuestas. Es tan obvio que no haría falta siquiera mencionarlo pero sigue
siendo sintomático de que hay alumnos que efectivamente no conocen las
respuestas y eso que parece evidente, obvio, nos debe llevar a reflexionar
sobre por qué no es capaz de responder algo aparentemente sencillo: si es una
cuestión de falta de comprensión o de no haber atendido a las explicaciones. A
veces, si un alumno se incorpora de forma tardía al sistema se descuelga del
resto del grupo. En otros casos, tener escasa base o algún tipo de dificultad
concreta en la materia puede requerir de una adaptación curricular o si lleva
un ritmo de aprendizaje más lento.
También puede deberse a
que es el primer examen que hace con ese profesor y no sabía el tipo de
preguntas que le iba a formular y ha estudiado de un modo en que no es capaz de
responder: por ejemplo si se ha preparado para un examen de preguntas de
desarrollo y después se le hace un tipo test. En algunos casos, el problema no
es que no se sepa la respuesta, sino que no se entiende la pregunta, ya sea
porque no está bien formulada, o ya sea porque está descontextualizada, y el
alumno no sabe realmente qué le están preguntando. En esos casos se produce una
cierta frustración cuando se sabe la respuesta, pero no se contesta porque no
se entiende la pregunta y esto suele dar mucha rabia. Reconozco esta situación
cuando el alumno, tras ver el examen corregido, pregunta: “¿era eso?”.
En otros casos, puede
suceder que el alumno haya faltado a clase y no haya estado presente cuando se
han explicado los contenidos o que todavía no tenga el libro de texto o los
materiales para estudiar, o que no se haya leído el libro, en el caso de un
control de lectura. Pueden darse muchas circunstancias. Normalmente en la
primera evaluación, sobre todo de un nuevo ciclo o con un nuevo profesor, se
dan casos en los que simplemente es necesario un ajuste y una adaptación del
alumno al profesor y del profesor al alumno. En todas estas situaciones el
resultado es el mismo: el alumno no sabe
la respuesta, y lo más frecuente es que no haya estudiado ni haya preparado el
control. Por tanto, aquí el examen en blanco es una cuestión de desconocimiento.
El segundo tipo la
situación en la que un alumno presenta un examen en blanco, según mi corta
experiencia, es la apatía o la desidia, el no contestar porque le da igual. Esta
causa también parece obvia, pero es necesario comprender y analizar por qué esa
alumna o alumno no tiene necesidad de responder ese examen. Este caso se da,
por ejemplo, porque están obligados a permanecer en el sistema, y únicamente están
esperando a cumplir los 16 años para perder la obligación de asistencia. También
es el caso de quienes ya saben que suspenden el curso y, por tanto, consideran
que no es necesario seguir haciendo exámenes. Así, aunque realmente podrían
contestar a parte de la prueba, optan por dejarla en blanco y dedicar el resto
de la sesión a dormir o a pensar en sus cosas o a dibujar en el folio de
examen... Todo menos hacer el mínimo esfuerzo por responder y tratar de
demostrar lo que saben.
A diferencia del primer
caso, estos alumnos sí sabrían responder parcial o totalmente el examen;
incluso, en ocasiones, son alumnos repetidores que han visto la materia en más
de una ocasión y explicada por profesores distintos o con materiales
diferentes. En definitiva, no contestan, sencillamente, porque no quieren. Aquí
el examen en blanco es una cuestión de actitud.
El tercer tipo de
situación es el más difícil de comprender y el que más me sorprende. No se
trata de alumnos que no sepan o no quieran hacer el examen, es que directamente
parece como si no pudieran hacerlo, como si se hubieran bloqueado ante el folio
en blanco. En este punto tengo varias hipótesis.
Por un lado, he
conocido alumnos que no responden porque, aunque les suena parte de la materia (saben
algo) y quieren (tienen buena actitud), dudan, tachan, no están seguros, no han
estudiado bien o no han terminado de comprender los contenidos y, tras
debatirse entre arriesgar una respuesta absurda (que podría ser acertada) o
dejar la pregunta en blanco, optan por lo segundo (“más vale parecer tonto/a,
que responder y demostrarlo”, deben pensar). Parecen haber en ellos un miedo al
error, a equivocarse, y prefieren no poner nada.
En otros casos, se
produce lo que comúnmente se denomina “quedarse en blanco”: alumnas y alumnos
que han estudiado, van trabajando en clase, demuestran que han entendido la
materia porque hacen las tareas medianamente bien y, llegados al examen, tienen
un mal día, dudan de todo lo estudiado, y la presión o la tensión les hacen
perder el hilo o la concentración y no saben cómo empezar, o empiezan pero
llega un punto en el que no saben seguir. Lo han hecho en clase, en casa, en la
pizarra, lo sabían hacer. Y por una cuestión de nervios o de encontrarse bajo
mucha presión o bajo mucha autoexigencia, se bloquean. Este bloqueo es difícil
de gestionar, tanto para la persona implicada, como para la profesora o
profesor que supervisa el examen y que, viendo que el alumno no apunta nada, y
dado que sabe que tiene capacidad para hacerlo, trata a veces en vano de
ayudarle, generándole más presión o agobio del que ya tenía. Nuevamente, el
miedo al error o al fracaso, después de todo lo que ha estudiado, es el motivo
de este examen inmaculado. Aquí la razón es, por tanto, el bloqueo mental y el miedo al fracaso.
Dentro del anterior,
cabría destacar un último tipo. Ocupa el último lugar porque me parece el más
significativo, el más sutil. Lo he conocido más de una vez. Y lo destaco porque
creo que en él confluyen los tres motivos anteriores, pero en diferentes
niveles. Me refiero a un tipo de alumnado que no sabe la respuesta, la ignora,
pero finge que lo suyo es una cuestión de actitud: “yo sé hacerlo, pero no
quiero”. Y se creen su propia excusa, como si de un escudo se tratase. En
realidad, no han demostrado que sepan hacer el examen, porque no suelen hacer
las tareas o solo hacen un determinado tipo de ejercicios. En algún caso,
incluso aluden al bloqueo, a que se han quedado en blanco. Pero sospecho, con
mi corta experiencia, que lo suyo no es desconocimiento, ni actitud, ni
bloqueo, sino miedo. Miedo al fracaso. Porque si no hago nada y suspendo, no
pasa nada, me puedo creer que soy lista y que, si me pongo, si estudio, lo
saco. Me autoconvenzo de que mi problema es solo de actitud. Porque si estudio,
si me esfuerzo, si hago todo lo posible, y aún así suspendo, entonces sí que he
fracasado. Entonces no hay vuelta de hoja y tendré que asumir que no sé
hacerlo. Prefiero pensar que es un ‘puedo y no quiero’ que un ‘quiero y no
puedo’. Aquí el examen en blanco es un síntoma del miedo al fracaso.
En todos los casos, el
docente debe estar alerta para tratar de discernir en qué situación se
encuentra cada alumno y, pasada la tensión o el momento puntual del examen,
trabajar en cada caso concreto para que ese fracaso se revierta: si ignora la
respuesta o no entiende la pregunta, hacerle comprenderla; si no quiere
estudiar, tratar de motivarle y sugerirle la importancia del estudio; si se
bloquea, crear un clima más relajado, rebajar la presión, solo es un examen, de
cientos que se hacen en la vida. Por último, si alguien tiene miedo al fracaso,
si es incapaz de enfrentarse a un examen y finge que podría hacerlo si
quisiera, pero no quiere, hacerle ver que el primer paso para aprender es
equivocarse y sobre el error se construye el conocimiento, pero es necesario
fallar, tachar, corregir, practicar, y pedir ayuda si hace falta, para dar
respuestas a los exámenes, pero también para tener respuestas en la vida, y no
volver a dejar un examen en blanco.
Marta Montañez
(19-12-2019 / 4-02-2020)
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