viernes, 4 de octubre de 2019

Impunidad moral y libertad expresión

Asistimos día a día a una serie de actos inmorales que reflejan cómo es nuestra sociedad, protegidos por el escudo que como bastión enarbolan quienes utilizan los medios para lanzar improperios execrables contra otras personas vivas o muertas, y apostillan que la libertad de expresión les permite decir todo lo que piensan: “es mi opinión”, “hay que respetarla”. No, tu opinión es la que debe respetar a los demás.

A diario se vierten toda una serie de mensajes y opiniones que, si bien en el ámbito privado no pueden censurarse -pues cada uno tiene la opinión que tiene, más o menos formada basada en su experiencia o en su visión particular del mundo- en el momento en que se difunde de forma pública no siempre es aceptable y no todo puede argumentarse ni justificarse a partir del principio de libertad de expresión.

Esta tendencia a verbalizar cualquier opinión, positiva o negativa, sobre cualquier suceso o realidad se encuentra también en los adolescentes, que justifican sus valoraciones negativas afirmando que les ampara la libertad de expresión. En otros casos, aderezan sus afirmaciones con comentarios que van más allá de la opinión en contra y se muestran abiertamente intolerantes, bordes y hasta crueles. También ahí aducen el escudo de la libertad de expresión. Incluso se justifican asegurando que lo que opinan es verdad, como si ‘la verdad’ fuera propiedad de alguien y no una percepción particular de la realidad, un mero punto de vista.

No todo vale. Por el contrario, debe tenerse especial cuidado a la hora de expresar opiniones y juicios de valor negativos (máxime si se habla de personas fallecidas que ya no pueden defenderse), porque, al final, estos delitos verbales -que lo son y han de tipificarse de ese modo- no tienen ninguna consecuencia: sobreviven con total impunidad; la misma impunidad de los corruptos, la misma impunidad de múltiples delitos que no tienen consecuencias, la misma impunidad que miles de personas sufren cuando quienes mandan les dejan morir de inanición porque son irregulares o porque están en situación irregular, la misma impunidad de los chavales maleducados o malcriados, la misma impunidad de los adolescentes que campan a sus anchas en centros de secundaria maltratando a sus profesores... en fin, la misma impunidad de quienes no educan ni se preocupan por los más jóvenes.

La libertad de expresión es necesaria, imprescindible en un estado de derecho, en una sociedad democrática, es una garantía más del sistema, pero no puede ser la justificación a todo, a la maldad, a la mala educación, a la inmoralidad o la falta de respeto y de tolerancia. Ese modelo de libertad de expresión no es el que cabe enseñar a los chavales, sino, más bien al contrario, a utilizarla con autonomía, con el valor social y moral que tiene, pero con responsabilidad y como un derecho, no como una excusa para maltratar verbalmente a los demás.  

Marta Montañez (26-01-2017 / 04-10-2019)

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