El curso 2020/2021, si es que se
inicia finalmente el 7 de septiembre -como parece que será-, se organizará por
ámbitos en 1er curso de la ESO. La enseñanza por ámbitos (lingüístico-social o
sociolingüístico y científico-matemático o científico-tecnológico, según los
centros) tiene detractores y defensores entre el profesorado. Pero, independientemente
de que nos guste o no, como docentes, cabe preguntarse, ¿es este curso, atípico
y marcado por las restricciones de la pandemia, el mejor momento para llevar a
cabo este tipo de enseñanza?
Durante el curso escolar que
acabamos de cerrar, casi todos los procedimientos se han adaptado (como los
exámenes de la EBAU) o se han aplazado, por razones de prudencia: las
convocatorias de oposiciones, las pruebas de idiomas... Sin embargo, por alguna
razón que se me escapa, la enseñanza por ámbitos ha seguido adelante sí o sí.
De nuevo, como reflexionaba en el
artículo anterior, sobre la coordinación docente, este año, por razones obvias,
todo se ha retrasado, sin posibilidad de coordinarse para concretar esta
enseñanza por ámbitos ni el resto de niveles. Y se ha retrasado hasta el punto
de que la resolución de las Comisiones de Servicio no se publicó hasta el 5 de
agosto, y las adjudicaciones de inicio de curso para el personal interino
tampoco se realizaron hasta el día 7. Por tanto, en periodo vacacional, con los
centros cerrados y sin posibilidad de preparar nada porque, además, los
horarios no se conocen hasta primeros de septiembre. En la mayoría de casos,
los departamentos (sus jefes/as) se ven obligados a confeccionar los horarios
sin saber quién ocupará esas plazas que, hasta septiembre, esperarán al docente
que las asuma.
Al margen de la imposibilidad
real de coordinación, más allá de esta semana en la que estamos, un exiguo
plazo, sin duda, pues el lunes ya recibimos al alumnado, las circunstancias en
las que, previsiblemente, se desarrollará este curso (o parte de él), parecen
en contra de la propuesta metodológica basada en ámbitos, muy ligada al trabajo
por proyectos, ABP, a la autonomía del alumno, a las tareas colaborativas y
cooperativas... Si tenemos en cuenta que la primera premisa es, junto a la
higiene constante, la distancia social ¿cómo se trabaja por proyectos a metro y
medio de distancia de tu compañero?
El segundo punto es la probable
vuelta a casa parcial o total, intermitente o permanente, debido a algún brote
o repunte de casos. El curso pasado quedó patente que el sistema público no
está preparado para la docencia a distancia en secundaria, no solo por la
brecha digital y la falta de recursos de algunas familias, también por la
precariedad de las infraestructuras virtuales (muchas plataformas fallan, se
colapsan cuando el volumen de alumnado y profesorado se conectan a la vez,
etc.).
En definitiva, la enseñanza por
ámbitos se impone ‘porque sí’, sin que los centros -saturados preparando esta ‘falsa
normalidad’, cumpliendo protocolos y bailando al son de las novedades que cada
día se les ocurren a los de arriba- no han tenido tiempo para preparar y
adaptar bien el sistema (programaciones, formación del profesorado) a un tipo
de enseñanza nueva para muchos.
Quizá hubiera sido más razonable
que cada centro creara una comisión de trabajo o un grupo de coordinación de
ámbitos, y se establecieran de verdad los objetivos, los contenidos, los
criterios de evaluación, para dar un marco de trabajo sólido, para que sea
quien sea el profesor/a al que le toque impartir el ámbito, el equipo docente
tenga claro qué hay que hacer y cómo. Un curso académico, al menos, para que el
profesorado interesado en impartir ámbitos se forme, se organice, prepare
materiales… (yo misma he hecho un curso, de forma precipitada, en julio, in
extremis, porque sabía que me iba a tocar 1º de ESO, pero no es suficiente, y
no soy la única que impartirá ámbito, lo lógico sería que todos los profesores
implicados trabajáramos juntos, es decir, nos coordináramos. Otra vez, la
necesidad de coordinación).
En conclusión, trabajaremos con
lo que tenemos, nos coordinaremos cuando nos dejen, el modelo ya está
implantado, ya se trabaja por ámbitos en otros niveles (PMAR, FPB…) y ahora le
llega el turno al primer curso de ESO. Sobre la conveniencia o no, a priori, de
este tipo de enseñanza trataré en otro artículo. Por ahora, solo nos queda ver
cómo sale el experimento.
Muy buena reflexión. En estos momentos tan peculiares para el mundo entero, la importancia de una buena estrategia comunicacional, organizada, así como también la formación del profesorado para asumir este nuevo desafío son vitales. Pienso que esto trasciende la esfera del quehacer de cada profesor, ya de por sí una función compleja; esto repercutirá sobre todo en los estudiantes. Por eso, espero que consigan coordinarse bien dentro de las limitaciones temporales y, en alginos casos, tecnológicas.
ResponderEliminarVeremos en Argentina qué pasa. Porque acá la tecnología ha servido para paliar esta dura situación...de una forma reduccionista.
Seguimos con la cuarentena, en principio, hasta el 20 de septiembre. Después se verá.
¡Un abrazo grande!