lunes, 31 de agosto de 2020

Coordinación docente: al asignatura pendiente

Una de las asignaturas pendientes en educación secundaria es la coordinación docente. Muchos discuten sobre contenidos imprescindibles para el alumnado y, a menudo, surgen propuestas de incluir nuevas materias que, desde cada especialidad, se consideran imprescindibles (educación financiera, ecología, estudios de la mujer…). Menos se habla de los contenidos sobre los que deben formarse o autoformarse los docentes, a pesar de que hay asuntos, como la coordinación, que no siempre se abordan durante el curso y que, en el mejor de los casos, queda ‘pendiente’ para septiembre, como las materias suspendidas.

En el caso de la enseñanza secundaria, una vez que han finalizado las clases, a finales de junio, es el turno para hacer la memoria del curso: evaluar la labor del profesorado, comprobar qué contenidos se han impartido, qué objetivos se han logrado en cada nivel y por qué razón no se han completado, si es el caso. En definitiva, se evalúa el cumplimiento de la programación didáctica que se diseñó a principios de curso.

Esta memoria de cada departamento sirve, a su vez, para planificar de manera más eficaz el curso próximo, ajustando contenidos, objetivos, así como el resto de elementos del proceso de enseñanza-aprendizaje, por ejemplo, saber si los instrumentos de evaluación han funcionado (exámenes, trabajos, proyectos, lecturas...). Estas tareas continúan en julio, junto con las recuperaciones (la antigua convocatoria de septiembre se celebra en junio-julio en la Comunidad Valenciana), la planificación, la formación, y, sobre todo, la coordinación. La gran materia pendiente.

Ahora bien, ¿realmente nos podemos coordinar de forma adecuada en julio? En la práctica, gran parte del profesorado, bien en comisión, bien interino, llega al centro en septiembre, en ese momento conoce su horario y, por tanto, sus grupos, la programación de su departamento, y es entonces, entre el 1 de septiembre y el día en que empiecen las clases, cuando de verdad puede organizarse el curso, programarse el trabajo concreto con cada grupo, adaptar la programación del departamento a las necesidades del aula, prepararse contenidos nuevos de clase (si le toca impartir alguna materia que no ha preparado nunca, por ejemplo, en el caso de los ciclos formativos, donde hay tanta oferta; o el caso de secundaria, cualquier materia que te toque para cubrir horario y que no sea de tu especialidad o cualquier nivel que nunca hayas impartido, como la FP Básica, bachillerato, alguna optativa...).

Mucho se carga contra el profesorado en cuanto a la responsabilidad docente, pero las circunstancias en las que se les adjudica una plaza por parte de la administración dejan poco margen de maniobra, ya que apenas a una semana del inicio de las clases es cuando conoce realmente qué va a tener que impartir y es cuando debe prepararlo a conciencia. Al respecto, me han argumentado que se debe a que las plantillas no se ‘cierran’ hasta bien entrado el mes de julio, cuando se conocen las necesidades reales de cada centro en función de la matrícula y del perfil del alumnado.

En ese sentido, es cierto que en algunos centros se pueden producir reajustes de plantilla en el último momento, porque haya un aumento o bajada de horas, que propicien la contratación de algún docente más para cubrirlas o bien alguna reducción de jornada; pero esos reajustes son mínimos en comparación con el grueso de la plantilla, que podría quedarse perfilada perfectamente a 30 de junio, que es cuando finalizan su contrato los interinos sin vacante, de manera que supiesen ya en esa fecha si pueden o no optar a volver al centro donde han desempeñado su trabajo ese curso. Otra cuestión es que en el ajuste de la plantilla del mes de julio se detecten necesidades de profesorado, en tal caso que podrían convocar en el mes de septiembre, pero ya con la mayoría de la plantilla incorporada y organizada.

Marta Pilar Montañez (5-08-20/31-08-20)

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