El año 2022 ha estado marcado por diversos cambios en las leyes educativas y por novedades en diferentes niveles de instrucción, tanto para alumnado como para docentes. Por un lado, la LOMLOE ha irrumpido como un elefante en una cacharrería y ha generado un malestar y una incomprensión bastante generalizada entre familias y, sobre todo, profesorado que, sin apenas instrucciones, ha tenido que aplicar ciertas pautas, especialmente, en la evaluación, ya en este primer trimestre del curso escolar 2022-2023.
Por otro lado, la propuesta de reforma de las pruebas de acceso a la Universidad, que adoptan etiquetas distintas según la Comunidad Autónoma (PAU, EBAU, EVAU...) y que, más comúnmente, se conocen como 'Selectividad', tampoco han dejado indiferentes a la comunidad educativa; pero no solo eso, sino que han hecho reaccionar a instituciones que pocas veces se manifiestan en materia educativa y, de otras, han obtenido un rotundo rechazo con múltiples adhesiones (institutos, universidades, colectivos del ámbito cultural, político, social, literario...).
En el terreno profesional de la docencia, se han sumado dos propuestas con planteamientos desiguales. Por una parte, el decreto para la estabilización de plantillas en Educación Secundaria ha establecido un procedimiento de méritos, no de oposición, como una suerte de lotería, coincidiendo -precisamente-, en su solicitud con el 22 de diciembre, día de la Lotería por excelencia. Este proceso no obsta para que, al final de este curso académico 2022-2023, hacia mayo o junio, se celebren también oposiciones, pero con criterios distintos a los de este proceso.
Dicho de otro modo, quienes participen no compartirán las mismas reglas del juego, no se darán las mismas condiciones ni se contarán con las mismas oportunidades (en claro agravio comparativo, no solo con quienes se están preparando para esa oposición, sino con todo el profesorado que ha accedido a la función pública mediante una oposición, en la que el concurso es una segunda fase solo para quienes han superado la primera). Tampoco se aplicarán las mismas reglas (según parece) en las adjudicaciones, concursos de traslados o similares (al no haber oposición no hay nota, solo méritos, y se suma la antigüedad, cosa que para los opositores no se aplica en su primer destino).
En la docencia universitaria, el profesorado no titular también tiene novedades ante la inminente publicación de la LOSU, que viene anunciada desde hace meses y que parece traer consigo cambios que endurezcan los procedimientos de acceso a la función pública, modificaciones en las figuras contractuales y criterios nuevos para ser titular. Como aún no hay negro sobre blanco, habrá que esperar a que sea oficial.
Esperemos que el nuevo año nos depare mucha salud, que es el mejor regalo que se puede recibir y, a nivel educativo y profesional para quienes nos dedicamos a la docencia, que tengamos un poquito de paz y tranquilidad para seguir trabajando por una educación mejor cada día.
Feliz 2023.
Marta Montañez (30/12/2022)
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