viernes, 30 de diciembre de 2022

Balance 2022

El año 2022 ha estado marcado por diversos cambios en las leyes educativas y por novedades en diferentes niveles de instrucción, tanto para alumnado como para docentes. Por un lado, la LOMLOE ha irrumpido como un elefante en una cacharrería y ha generado un malestar y una incomprensión bastante generalizada entre familias y, sobre todo, profesorado que, sin apenas instrucciones, ha tenido que aplicar ciertas pautas, especialmente, en la evaluación, ya en este primer trimestre del curso escolar 2022-2023.

Por otro lado, la propuesta de reforma de las pruebas de acceso a la Universidad, que adoptan etiquetas distintas según la Comunidad Autónoma (PAU, EBAU, EVAU...) y que, más comúnmente, se conocen como 'Selectividad', tampoco han dejado indiferentes a la comunidad educativa; pero no solo eso, sino que han hecho reaccionar a instituciones que pocas veces se manifiestan en materia educativa y, de otras, han obtenido un rotundo rechazo con múltiples adhesiones (institutos, universidades, colectivos del ámbito cultural, político, social, literario...). 

En el terreno profesional de la docencia, se han sumado dos propuestas con planteamientos desiguales. Por una parte, el decreto para la estabilización de plantillas en Educación Secundaria ha establecido un procedimiento de méritos, no de oposición, como una suerte de lotería, coincidiendo -precisamente-, en su solicitud con el 22 de diciembre, día de la Lotería por excelencia. Este proceso no obsta para que, al final de este curso académico 2022-2023, hacia mayo o junio, se celebren también oposiciones, pero con criterios distintos a los de este proceso. 

Dicho de otro modo, quienes participen no compartirán las mismas reglas del juego, no se darán las mismas condiciones ni se contarán con las mismas oportunidades (en claro agravio comparativo, no solo con quienes se están preparando para esa oposición, sino con todo el profesorado que ha accedido a la función pública mediante una oposición, en la que el concurso es una segunda fase solo para quienes han superado la primera). Tampoco se aplicarán las mismas reglas (según parece) en las adjudicaciones, concursos de traslados o similares (al no haber oposición no hay nota, solo méritos, y se suma la antigüedad, cosa que para los opositores no se aplica en su primer destino).

En la docencia universitaria, el profesorado no titular también tiene novedades ante la inminente publicación de la LOSU, que viene anunciada desde hace meses y que parece traer consigo cambios que endurezcan los procedimientos de acceso a la función pública, modificaciones en las figuras contractuales y criterios nuevos para ser titular. Como aún no hay negro sobre blanco, habrá que esperar a que sea oficial. 

Esperemos que el nuevo año nos depare mucha salud, que es el mejor regalo que se puede recibir y, a nivel educativo y profesional para quienes nos dedicamos a la docencia, que tengamos un poquito de paz y tranquilidad para seguir trabajando por una educación mejor cada día.

Feliz 2023.


Marta Montañez (30/12/2022)

viernes, 25 de febrero de 2022

'Grammaticam puellas docet': enseña gramática a las niñas

Tras unos meses de obligado parón por razones de conciliación, retomo mi  actividad bloguera con algunas reflexiones sobre la gramática en secundaria.

En artículos anteriores reflexioné sobre la enseñanza por ámbitos y una de las cuestiones que afloraba era la presencia o, mejor dicho, la ausencia de los contenidos y conocimientos gramaticales en algunos modelos metodológicos, que pretenden convertir las lenguas en meros instrumentos para la adquisición de otras materias y, con ello, se constata la paulatina desaparición de los contenidos gramaticales en secundaria, tanto en su vertiente teórica como en su aplicación práctica.

Muchos docentes argumentan que la gramática que se imparte en secundaria y, especialmente, en bachillerato, excede las necesidades comunicativas que pueden considerarse requisito para que el alumnado se gradúe, es decir, obtenga el nivel adecuado para proseguir estudios superiores. El argumento que aducen es que no todos los estudiantes de bachillerato acabarán en el grado de filología, ni siquiera en estudios del área de humanidades.

Por un lado, en ocasiones, ciertos manuales, con un afán de dar informaciones completas, incluyen contenidos gramaticales avanzados que quizá pueden resultar excesivos para un grupo de bachillerato de nivel medio. Sin embargo, debemos recordar que los manuales y libros de texto no son ‘el todo’ que debe aprender cada estudiante en ese curso, sino que constituyen un material de estudio, un soporte, donde pueden y deben encontrar información precisa, no sesgada ni manipulada, accesible a su grado de conocimiento. En todo caso, se trata de una herramienta que no es autónoma. Dicho de otro modo, no se espera que un alumno se estudie el libro él solo ni lo sepa replicar de memoria, sino que cuenta con el auxilio del docente en el proceso de aplicación a sus necesidades pedagógicas.

En efecto, será el profesorado quien, en función del grupo, seleccione no solo qué manual elige para sus clases, sino qué contenidos de ese manual va a utilizar y cómo utilizarlos. Para ello, suele contar con una guía didáctica, que contiene indicaciones de cómo rentabilizar el material que ofrece el libro de texto, suele incluir solucionarios, textos y tareas adicionales, actividades de refuerzo, de repaso… incluso modelos de test o examen, entre otros recursos pedagógicos. No se trata de utilizarlo todo ni de obligar a aprenderlo todo, sino de tener un abanico de posibilidades entre las que elegir lo más conveniente para cada grupo-clase y que puede ir variando a lo largo del curso.

Por otro lado, el hecho de que no todos los estudiantes vayan a terminar en estudios superiores de tipo humanístico no es óbice para que la (in)formación que reciben en secundaria sea completa, exhaustiva, acorde a la gramática vigente, que es la de la lengua actual, la que usamos, la que nos permite hacernos entender. Las materias de secundaria vienen recogidas y propuestas por la ley de educación vigente en cada momento, y tienen por objetivo dar un conocimiento general, para toda la vida. Tampoco todas acabarán siendo matemáticas, historiadoras o deportistas de élite, pero chicas y chicos tienen derecho, por ley, a recibir una formación integral, decidan lo que decidan el día de mañana.

La controversia en la inclusión o no de contenidos gramaticales exhaustivos en secundaria viene de años atrás. Para algunos, la gramática debe estar presente solo de manera subsidiaria, como un mero soporte para la redacción y la comprensión de textos y discursos en los que se desarrolle la competencia comunicativa, pero sin necesidad de conocer la terminología o las cualidades gramaticales de la lengua en que se expresan.

Para otros, el estudio sistematizado de la gramática debería desaparecer y centrarse solo en la práctica de la lectoescritura. Pero ¿cómo enseñar a escribir mejor sin explicar dónde se falla? ¿Cómo se corrige a quien no resuelve correctamente una ecuación sin decirle qué es una ecuación? Quizá, se confunde enseñanza de la gramática con ‘conocimiento de la terminología gramatical’. Pero ‘la gramática’ es intrínseca a los procesos de lectoescritura, no se puede explicar cómo comprender un texto o cómo redactar bien un escrito sin usar la lengua y su estructura, incluidas las palabras técnicas que permiten describirla. Todo conocimiento exige un metalenguaje. La enseñanza de la comunicación en una determinada lengua requiere de esa misma lengua, es un conocimiento metalingüístico, y no puede prescindirse de ese metalenguaje.

Por tanto, para leer y escribir mejor, necesito utilizar términos gramaticales (palabra, verbo, acento, oración, prefijo…). ¿Cómo enseño a escribir correctamente, por ejemplo, usando bien los <verbos> sin faltas de ortografía, con todas las <tildes> sin decir <verbos> ni <tildes>? ¿Cómo se explica en geografía el ciclo del agua sin explica qué es un <ciclo> o sin hacer mención al concepto <fase>? El uso del ‘lenguaje’ propio de una disciplina es inseparable de la enseñanza de la propia disciplina.

En cambio, si lo que se cuestiona no es la enseñanza del metalenguaje de cada disciplina (la terminología), sino los propios contenidos que cada materia incluye, entonces ¿qué se enseña? En el caso de las lenguas, no son solo medios para aprender otros conocimientos, sino que lo que sabemos sobre nuestra propia lengua nos permite ordenar nuestro pensamiento, mejorar la adquisición de otras lenguas, favorece nuestra capacidad argumentativa, que nos comuniquemos de manera más eficaz, que seamos capaces de transmitir informaciones complejas de todo tipo… la lista de funciones para las que nos capacita comprender nuestra propia lengua es casi infinita.

Desconozco si existe algún estudio empírico que demuestre que un método sin gramática sea más eficaz que uno que aprovecha los contenidos gramaticales para mejorar las destrezas y competencias que debe alcanzar cualquier estudiante de secundaria. Enseñar gramática no significa explicar toda la gramática, sino adecuar los contenidos al nivel, dar modelos correctos, explicar la terminología, practicar con ejemplos concretos, ponerlo en práctica… A la vez que muchas otras tareas (manejo del diccionario, espacios de lectura y reflexión, técnicas de redacción, prácticas diversas de ortografía…). ¡No solo de gramática vive el hombre! (ni la mujer).

En definitiva, la gramática es y sigue siendo pertinente en secundaria, adecuada a cada nivel pero no alterada. La gramática enseña a pensar y te proporciona un metalenguaje con el que expresar qué quieres decir y cómo lo quieres decir. Y, a su vez, te permite entender por qué otros dicen lo que dicen y la manera en que lo dicen. Enseñar gramática es dar herramientas para aprender a pensar. ¡Qué curioso que los clásicos lo enfocaran en ‘las niñas’! Quizá porque ellas lo tuvieran (acaso aún lo tengan) más difícil en sociedad, y el lenguaje y su gramática sean las herramientas para desenvolverse por sí mismas, capaces de desarrollar sus capacidades, adquirir cualquier conocimiento, junto con los niños, sin distinción ni prejuicios, con el único afán de ayudarles a madurar y a pensar a lo largo de toda su vida.

Por ello, si eres docente, no lo dudes, no les infravalores pensando que no lo van a entender, ni creas que esto es prescindible y no lo necesitan. Al contrario, aprovecha lo que la enseñanza formal puede aportarles y ‘enseña gramática a las niñas’ (…y a los niños).

 

Marta Montañez (12/10/2021 – 19/02/2022)

A mi amigo Héctor, compañero de fatigas gramaticales

 

 

domingo, 16 de enero de 2022

Puesta al día

"¿Cómo te encuentras? ¿Todo bien?
Sí, todo bien, esquivando al bicho -de momento-, sobreviviendo a la doble maternidad y comprobando, una vez más, que 'conciliación' solo es un sustantivo abstracto".

Este pequeño intercambio podría ser el resumen de mi ausencia en este, mi querido blog, todo este tiempo. Llevo meses queriendo retomarlo. No como propósito de año nuevo, que casi siempre se suelen quedar en eso, en 'propósitos', y 'las buenas intenciones, sin acciones, no son suficientes' (como le he dicho a un amigo esta misma mañana). Así que mi primera 'acción' para ese buen propósito es escribir este post. 

En breve inicio una nueva andadura profesional que me tiene ilusionada y preocupada a partes iguales. Con estas líneas solo quiero hacer una declaración de intenciones de mi deseo de continuar escribiendo reflexiones sobre la lengua, que sigue siendo mi pasión. Ahora, además, con el estímulo de vivir en primera persona la razón de por qué se llama lengua materna a la que aprenden los niños en su infancia, de manera espontánea, natural y sin el auxilio o sin mediación de la escritura ni ningún otro sistema de abstracción.

A ese lenguaje infantil quizá también le dedique alguna entrada en el blog. Por el momento, vayan estas palabras por delante:
Hijo 1: Mamá, ¿me hueles el pelo?
Mamá: ¡Mmm! ¡Qué bien huele! 
Hijo 1: la peluquera Raquel me ha puesto gominola
Mamá: gomina, cariño, te ha puesto gomina :)

Marta Montañez (16/01/2022)