"¿Cómo te encuentras? ¿Todo bien?
Sí, todo bien, esquivando al bicho -de momento-, sobreviviendo a la doble maternidad y comprobando, una vez más, que 'conciliación' solo es un sustantivo abstracto".
Este pequeño intercambio podría ser el resumen de mi ausencia en este, mi querido blog, todo este tiempo. Llevo meses queriendo retomarlo. No como propósito de año nuevo, que casi siempre se suelen quedar en eso, en 'propósitos', y 'las buenas intenciones, sin acciones, no son suficientes' (como le he dicho a un amigo esta misma mañana). Así que mi primera 'acción' para ese buen propósito es escribir este post.
En breve inicio una nueva andadura profesional que me tiene ilusionada y preocupada a partes iguales. Con estas líneas solo quiero hacer una declaración de intenciones de mi deseo de continuar escribiendo reflexiones sobre la lengua, que sigue siendo mi pasión. Ahora, además, con el estímulo de vivir en primera persona la razón de por qué se llama lengua materna a la que aprenden los niños en su infancia, de manera espontánea, natural y sin el auxilio o sin mediación de la escritura ni ningún otro sistema de abstracción.
A ese lenguaje infantil quizá también le dedique alguna entrada en el blog. Por el momento, vayan estas palabras por delante:
Hijo 1: Mamá, ¿me hueles el pelo?
Mamá: ¡Mmm! ¡Qué bien huele!
Hijo 1: la peluquera Raquel me ha puesto gominola
Mamá: gomina, cariño, te ha puesto gomina :)
Marta Montañez (16/01/2022)