domingo, 29 de marzo de 2020

Escuchar

La mayor parte del tiempo estamos hablando, leyendo mensajes, viendo la televisión… sin embargo, dejamos poca oportunidad para escuchar realmente a los demás. Muchas veces me dicen que soy una persona empática, que es fácil hablar conmigo; en realidad, solo trato de ponerme en el lugar del otro, de entender su postura, cómo puede estar sintiéndose, cómo piensa o qué opinión puede tener respecto de una situación determinada.

Cuando alguien con quien hablo me cuenta un problema o una dificultad, intento escuchar antes de hablar. No se trata (solo) de escuchar, sino de atender y tratar de entender la postura del otro, no dar información ni consejos que no te han pedido, no expresar tu opinión si no es necesario, no juzgar, no tratar de sermonear a nadie, simplemente entender o tratar de entender a la otra persona: eso le da facilidad para que te abra sus sentimientos y para que le reconforte hablar contigo. Escuchar no es lo mismo que ser un hombro en el que llorar, como algo pasivo, sino que se trata de escuchar de verdad a la otra persona, la llamada ‘escucha activa’.

Más de una vez me han dicho que en lugar de filología debería haber estudiado para ser psicóloga, pero creo que en mi profesión no estamos exentos de ese lado humano, ya que trabajamos día a día con esa materia prima tan sensible que somos las personas y en un momento de sus vidas –la adolescencia– en el que, precisamente, todos los sentimientos están a flor de piel. Por ello, creo que todo docente debe ser, en parte, algo de orientador, de psicólogo, o, como mínimo, interesarse por la parte ética, moral y humana de sus compañeros de viaje en esa travesía que es la escuela. 


Marta Montañez 27-1-20/28-3-20


Por todos esos docentes que se afanan estos días de confinamiento
en garantizar el derecho a la educación y
orientan a los chavales en esta difícil travesía.