Me sigue sorprendiendo la titánica obra de María Moliner, un
diccionario individual que, en muchas definiciones, supera longe (como decían los latinos, ‘de lejos’, ‘con mucho’) a la obra
académica y, por supuesto, a la mayoría de diccionarios que circulan por ahí.
Como denunciaba el gran lexicógrafo G. Haensch, muchas editoriales plagian con descaro obras
enteras, sin ningún atisbo de originalidad, sino que se ‘apropian’ de
definiciones, ejemplos, aclaraciones metalingüísticas, conjugaciones… y todo lo
que buenamente ofrece un diccionario.
Por eso sobresale más aún el Diccionario de uso del español, porque deja en evidencia a los
demás, sus carencias o sus defectos, sobre todo, a los diccionarios
corporativos (no solo el académico, siempre criticado y en el punto de mira),
sino los de cualquier editorial, que tiene detrás un equipo (y no una sola
persona) para recopilar, ordenar, redactar, ejemplificar, aclarar…
Por eso la gran María Moliner los supera a todos, porque
cualquier defecto se excusa al comprender que lo hizo sola, cuando otros,
trabajando en equipo, no logran captar la esencia de las palabras como ella sí
sabe hacer.
Me sorprende y hasta me emociona acercarme a una palabra que
no soy capaz de definir con mis propias palabras, que entiendo pero que, como docente,
no sé transmitir a mis alumnos, y descubrir que alguien, hace décadas, plasmó
en palabras sencillas pero certeras, todo lo que quisiera expresar y no sé. El DRAE ha tardado años en incluir
acepciones o usos que el DUE ya
incorporó con acierto, con matices utilísimos, que pocas veces aclaran tanto un
sentido o un valor en un contexto.
Grande, María. Cuánto nos enseñas y cuánto nos queda por
aprender contigo.
¡Larga vida al DUE!
Marta Montañez (1-10-15)